Porque a algunos les van las pelirrojas

En esta ocasión, más que un artículo, lo que vengo a presentar es un hilo de debate. Con esto no pretendo decir que en otros artículos expuestos en este blog –el del punto de vista crítico o los concursos literarios son dos ejemplos muy interesantes a tener en cuenta. Pásate a echarles una lectura si no lo has hecho todavía– no se pudiese contribuir mediante el sistema de comentarios a una pequeña tertulia, seguida de un pequeño feedback entre lectores y redactores, pero es importante destacar que el tema a tratar esta vez presentará la discusión de una manera mucho más abierta.

Aviso con antelación que quizás algunos lo consideren una trivialidad, pero tal vez otros de los que leen estas líneas perciban el punto de interés que yo le he encontrado, y es que, en una de mis muchas cavilaciones acerca de la literatura y el mundo que rodea al escritor, me he detenido una vez más en la complejidad de los personajes y todos aquellos elementos que abarcan.

Todo nació a raíz de una conversación reciente con un querido amigo, con el que en tantas ocasiones he entablado debates acerca de nuestras últimas lecturas o sobre aquel libro que tenemos pendiente por leer y que nos mira con ojos de cordero degollado desde la estantería. Durante aquella charla en particular, surgió como tema la conocida por todos saga de fantasía Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin –y si tú no la conoces, lo más probable es que hayas vivido los últimos seis o siete años encerrado en un búnker. O quizás criogenizado en un frigorífico cualquiera–.

 

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George R. R. Martin, por lost-angel-less

 

No recuerdo con claridad el rumbo concreto que siguió la conversación, pero en un momento determinado coincidimos en que Martin debe sentir cierta predilección por las mujeres pelirrojas. Porque reconozcámoslo, las pelirrojas tienen su público –y tienen todo el derecho, a pesar que este humilde servidor no comprenda la fascinación que le provocan a algunos–, y quizás sea por lo exóticas que pueden resultar o por las pecas que decoran sus rostros, pero es evidente que no es un caso extraño dentro de los gustos masculinos. A algunos les van las pelirrojas. Y no, no hablo de Pérez Reverte.

Solo hay que analizar los roles que juegan ciertos personajes dentro de su magnum opus: Catelyn Tully, mujer de Eddard Stark y Señora de Invernalia, es descrita en las novelas como una mujer de rasgos hermosos, quien posee un carácter honorable, fuerte y tendiente a profesar un intenso amor por su familia, tal y como lo haría una buena madre –las cuales se encuentran en peligro de extinción en Canción de hielo y fuego–; su hija, Sansa Stark, hereda los rasgos más favorecedores de su línea materna, siendo especialmente hermosa, esbelta y femenina; Melisandre de Asshai parece especialmente atractiva en cada uno atributos, incluyendo cualquiera de sus armas de mujer, a las que no duda en recurrir para sus propósitos; y como último expediente, nos encontramos con Ygritte, el amorío salvaje de Jon Nieve, quien puede percibir en ella una belleza que nunca había contemplado antes.

¿Cuál es el rasgo que todas ellas comparten? Nada más ni menos que su hermosura y sus cabellos pelirrojos, los cuales incluso para el Pueblo Libre, al cual Ygritte pertenece, son considerados prácticamente como una bendición. Entre los ejemplos anteriormente expuestos, Catelyn y Sansa son quienes tienen los papeles más protagónicos, y de hecho podrían considerarse parte del elenco de los protagonistas centrales de la historia, pese a que tanto Melisandre como Ygritte cobran una sustancial relevancia dentro de los hilos argumentales en los que cada una de ellas participa.

 

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Retrato de Ygritte, interpretada por Rose Leslie

 

He aquí la pregunta del debate, la cual la formularemos dando por hecho que a Martin le atraen las mujeres de cabellos besados por el fuego –hecho irrefutable–. ¿Hasta qué punto han influido sus gustos personales –y no aquellos referidos a la narrativa– al contenido de sus novelas? ¿Melisandre sigue cierto perfil físico simplemente porque el personaje lo requería o porque su creador eligió arbitrariamente los rasgos que la conformaban? Y es que, pensándolo bien, es posible que en más de una ocasión nos dejemos llevar por nuestras preferencias a la hora de escribir y definir nuestras obras.

Me explico: quizás Martin se sienta cada jornada en su sillón, y cuando es el turno de perfilar a un personaje femenino al cual considera de apariencia hermosa, lo primero que piensa es en un largo cabello pelirrojo, y esto indudablemente hará que a continuación la describa con mayor pasión, y que las escenas en donde esta supuesta mujer participe transmitan sensaciones mucho más vivas. Es una ley de la escritura: si escribes sobre aquello que te gusta, a buen seguro acabarás obteniendo un mejor resultado. Y quien piense ahora en pelirrojas, también puede pensar en esos giros argumentales con los que Martin hace que te caigas del asiento. Porque esa es también una verdad universal: si hay algo que le guste más a nuestro psicópata favorito que una pelirroja, son los cambios inesperados. Y si salpica algo de sangre de por medio, mejor.

¿Deberíamos abstraernos más de aquello que nos gusta, para así poderle dar una mayor consistencia y cierto realismo a la obra, escapando de algunos aspectos que puedan parecer excesivos, o esto es lo que como escritores nos termina diferenciando a unos de los otros, otorgándonos carisma tanto a nosotros mismos como a cada una de las obras en las que trabajamos? ¿Es esto algo positivo o negativo?

Por el momento, no voy a postular ninguna de esas dos vertientes. Dejaré que a quien le apetezca comente y que así exprese libremente sus ideas, y de hecho os invito a que lo hagáis a todos los que hayáis llegado hasta la conclusión de este artículo. Sentíos como si estuvieseis en vuestra casa tomando un café, y no dudéis en acudir a la caja de comentarios colocada bajo estas líneas.

 

Araglion

 

Nota: a algunos nos van los comentarios. Comenta si has leído, comparte si te ha gustado y si no te quieres perder nada síguenos en Facebook y en Twitter 😉

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2 comentarios en “Porque a algunos les van las pelirrojas

  1. Pues una de las protas de mi borrador es pelirroja.
    Hasta aquí mis similitudes con nuestro querido G. R. R. Martín xD

    Supongo que, de alguna manera, todos los que escribimos tenemos tendencia a mostrar parte de nuestra alma. Y eso incluye los prototipos que nos atraen especialmente.

    ¿Alguna pelirroja en tus relatos?
    ¿O abundan más las morenas?

    Un besote.

    Le gusta a 1 persona

    • jajajaja, ¡buena cuestión esa que me planteas, Mmar!

      Pelirrojas tengo algunas en mis relatos y trabajos, pero como indico en el artículo no es que en general sean de mi gusto particular. Creo que realmente abundan más las morenas y las castañas que cualquier otro tipo 😂

      Ahora que me percato del detalle, a Laura Gallego le pasa algo parecido con los rubios de ojos azules.

      ¡Perdona por la tardanza en responder, pero estos días están siendo una locura!

      ¡Un beso de vuelta!

      Le gusta a 1 persona

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