Sobre los concursos literarios y el crecer como escritor

Hablar de concursos literarios es hablar de un tema un poco espinoso. No hay duda de que son una manera increíble de propulsar nuestra carrera como escritores, sobre todo si ganamos o quedamos finalistas, pero siempre está la duda de hasta qué punto están amañados. Y eso es una putada. Estas dudas no deberían existir; sin embargo, si analizamos muchos concursos, convocatorias, premios, o sucesos durante la celebración de los mismos, es inevitable pensar que muchos ya tienen la mano ganadora antes de empezar la partida.

Sí, después de leer esto es probable que pienses que no vale la pena presentarse a ningún concurso literario, que es una pérdida de tiempo porque en verdad está todo amañado y bla, bla, bla. Pero quiero sacarte ese pensamiento de la cabeza. Estén amañados o no, ganes, quedes finalista, o pases por él sin pena ni gloria, presentarse a un concurso literario nunca será una pérdida de tiempo. Déjame explicártelo.

El porqué de las dudas

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Primero vamos a empezar por la parte negativa. Muchos os estaréis preguntando en qué me baso para decir que los concursos literarios pueden estar amañados. Es una pregunta sencilla:

  1. En lo personal: Cuando tenía 19 años, me presenté a un concurso de instituto. No era mi instituto, sino al que iban varios de mis compañeros. No obstante, las bases recalcaban que cualquier participante que no superase los 25 años de edad podía participar (poniendo como ejemplo a estudiantes de otros institutos, FP y universitarios). La cuestión es que escribí mi relato, se lo pasé a mi antiguo profesor de castellano para que le diera las correcciones finales y preparé el sobre y la plica. El primer síntoma de que algo no iba bien llegó el día que fui a entregar mi relato (en la conserjería del instituto organizador). Mientras lo entregaba entró un profesor de ese instituto (uno de los organizadores y juez del concurso) con el sobre de uno de sus alumnos, teniendo la poca vergüenza de decir que acababa de corregir el manuscrito del sobre. Ese detalle me molestó. No me importaba que hubiese corregido el texto de su alumno, sino que se perdiera el anonimato de los participantes ante los jueces. ¿Para qué una plica, entonces? La cuestión es que pasé del tema hasta el día de los resultados. Vi, en una lista que publicaron en la conserjería, que no había ganado, ni siquiera quedado finalista. No me importó: unas veces se gana y otras se pierde. El problema vino después. Las bases, en vez de poner que los manuscritos no seleccionados se destruirían, dejaban claro que todo aquel que quisiera recuperar su relato, junto con la plica, lo podría hacer en consejería. Mi sorpresa llegó al ver el sobre de la plica abierto. Por si no lo sabéis, las plicas solo se abren en caso de resultar ganador o finalista para ponerse en contacto con los autores; en caso contrario se dejan bien cerraditas. Pedí explicaciones a la conserje pero no me supo responder; al fin y al cabo ella no había organizado nada. Marché de allí más decepcionado que enfadado, pensando que si esto ocurre en un instituto, ¿por qué no iba a ocurrir en los grandes premios literarios? ¿Acaso no están organizados por muchos de los editores de los escritores que se presentan?
  2. En casos contrastados: Después de aquel incidente en el instituto, comencé a mirar más concursos. Y a informarme. Tenía 19 años y era desconfiado en este tema, sobre todo al leer una anécdota en el antiguo foro de Fantasía Épica (la actual Fantasitura). En ella, un bloguera super conocida (muchos de vosotros la leéis fijo), comentaba su experiencia en uno de los grandes certámenes convocados por una gran editorial (no voy a dar nombres, por supuesto, ya que implica a terceros y no va conmigo, pero os aseguro que soñáis con publicar con ellos y habéis leído muchos de sus libros). Resulta que envió su novela pero, cuando ya habían cerrado el periodo de envío de originales, al mes, más o menos, la editorial organizadora decidió ampliar el periodo de recepción de manuscritos. ¡Un mes después de haberse cerrado! Varios usuarios del foro no tardaron en contestar comentando el mismo problema con sus novelas. Olía a caquita.

No voy a seguir poniendo ejemplos, pero es muy fácil que nos entren dudas. A menudo vemos que nombres consagrados de la literatura son los que ganan estos concursos. Pensadlo, un premio de 5.000, 10.000, 40.000€ euros, o más, que tiene que ser amortizado. Ganar un concurso te da caché como para recuperar algo de la inversión del mismo incluso siendo un escritor novel, pero resulta más fácil dárselo a quien ya tiene sus miles de seguidores y lleva años en esto, ¿o no? ¿Cómo se recuperan 20.000 euros, entonces? Siempre estamos leyendo que las editoriales son un negocio, por eso es muy difícil para un escritor novel hacerse un hueco entre los grandes nombres. ¿Por qué iba a ser diferente en los concursos? El pensamiento más extendido es que estos concursos se usan para descubrir a nuevos talentos, que se le da el premio gordo a ese escritor con el que se sabe que se recuperará la inversión pero que se fichará al escritor novel que le debería haber ganado. En caso de que al final no florezca, al menos no se habrán perdido miles de euros.

Ahora bien: esto no siempre es así. De hecho, quiero pensar que solo pasa en uno de cada veinte concursos. Sobre todo en los más grandes. La mayoría de las veces que pensamos que están amañados es por puro ego; nos creemos que nuestra obra, esa que nos llevó años de esfuerzo y trabajo, es insuperable aunque esté plagada de faltas de ortografía, tenga una mala estructura y sus protagonistas no se salgan del texto. No alcanzar esa meta, mes tras mes, puede resultar desmotivador. Pero aun así, como eres masoquista, al igual que yo, lo sigues intentando. Y eso es lo mejor que puedes hacer.

Beneficios de presentarse a concursos literarios

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Como ya saqué a relucir la mayoría de las dudas que nos suelen asaltar cuando nos presentamos a alguno de estos concursos, ahora toca explicar el porqué son una herramienta maravillosa para un escritor, estén, o no, amañados.

MEJORAN TU PRODUCTIVIDAD: Siempre pienso en mi época de estudiante: solo me ponía a estudiar cuando daban la fecha de algún examen. A veces incluso esperaba unos cuantos días, hasta tenerlo lo suficientemente cerca como para acojonarme. Pero al final me ponía a estudiar, porque tenía una fecha y un objetivo, y con una fecha y un objetivo en mente, el cual pierdes si se te pasa el tiempo, es más fácil ponerse a trabajar.

Con los concursos literarios pasa lo mismo. Todos tienen unas bases, y esas bases marcan una extensión de la obra y un fecha límite de entrega. Una vez decides presentarte a uno, ya tienes una idea de lo que puede abarcar tu obra y de la temática, lo cual ayuda mucho. Y lo que es mejor, tu mente se pondrá a trabajar como una loca. Consciente, o inconscientemente, estarás buscando ideas para tu nuevo relato. Así que se va aproximando la fecha de entrega, tu cabeza también funcionará más deprisa. El miedo a no llegar a tiempo hará que nos esforcemos más a la hora de contestar las preguntas que plantea la planificación de nuestro escrito, y las horas que le dedicaremos a la escritura también serán más por el mismo motivo. Y la cosa no se queda ahí. Olvídate de estar años corrigiendo una y otra vez la novela que ya has corregido quinientas veces. Hay un plazo de entrega y, cuando llegue, tendrás que enviar a tu pequeña con lo puesto. También existe la posibilidad de que no llegues a tiempo para el concurso. Bueno, ¿cuál es el problema? Ya tienes estructurado o escrito un relato sobre el que trabajar. Termínalo y a por el siguiente.

TE HACEN CRECER COMO ESCRITOR: Mi etapa más productiva como escritor fue entre los 20 y los 22 años, en los cuales me presentaba a los retos mensuales del foro Fantasía Épica: el equivalente a los concursos del foro. Allí fue donde más crecí como escritor. Y esto se debió a varios motivos:

  1. Capacidad de síntesis y ritmo: El mantenerme constante me dio unas tablas. Me suponía menos esfuerzo crear la estructura para los relatos, saber lo que funcionaba y lo que no, qué partes tenía que mejorar y un largo etc. Todo salía más natural. Y aprendí un montón de gramática y ortografía. También me dio una visión más general de cuánto espacio necesitaba para presentar a los personajes, desarrollar el conflicto, o, simplemente, contar la historia. Cuando tienes un límite de palabras, cada una de ellas cuenta y tiene peso en la obra. A veces incluso es más importante lo que no se cuenta. Muchos de los que me han leído alguna vez suelen preguntarme por qué no hago de mis relatos novelas, pues podrían dar para más, pero, si se entiende la historia y está todo lo que quiero contar, ¿para qué la voy a alargar? Como te comentaba en esta reflexión, cada idea tiene su formato. La síntesis de información es muy importante para que la obra sea fluida, y la perspectiva que uno coge tras varios concursos ayuda mucho en este sentido.
  2. La voz del escritor: Cada concurso al que te presentes te ayudará a encontrar el estilo que mejor se adapta a ti: tu voz como escritor. Con esto no digo que al final siempre escribas en tercera persona. No. Tu estilo puede estar bien reflejado tanto en primera como en tercera persona (y segunda). A lo que me refiero es a la forma de expresarte, de cómo te diriges al lector, cómo le haces llegar la información. Los concursos nos permiten experimentar para adaptarnos a las necesidades del mismo, pero vamos a comprobar que tenemos una serie de rasgos que nos definen y con los que nos sentimos cómodos: una huella que se refleja en todos nuestros escritos. Cuanto más escribas, más parte de ti serán. Aprovecha los concursos para desarrollar tu voz.
  3. Espíritu de superación y dosis de humildad: En todo lo que hago en mi vida, siempre trato de ser el mejor. Da igual que sea fregando platos para un restaurante como preparándome para una competición de culturismo (que sí, también me liaron con un «no hay huevos» para que participara en una). Y es que si no das como mínimo el 100% de ti, no esperes tener los mismos resultados que los que sí lo dan. Porque se puede tener más o menos suerte en la vida, pero la suerte hay que salir a buscarla, y solo el trabajo duro y la constancia traen resultados. Si no has quedado bien en el concurso, analiza qué pudo haber fallado. ¿Era bueno el tema que querías tratar? ¿Te aseguraste de que todos los cabos quedaron bien atados? ¿Hubieras podido escribir un mejor inicio? Estudia tus escritos y pide ayuda a los demás para saber cuáles son tus puntos fuertes y cuáles los débiles. Los concursos literarios pueden ser un bofetón de humildad en el ego del escritor que cree que sus obras ya son perfectas con el primer borrador. Asume tus errores y aprende de ellos. Solo así se mejora

En resumen: ¡preséntate a concursos literarios! Nunca vas a perder nada por intentarlo, todo lo contrario: será beneficioso para tu carrera como escritor incluso aunque estén amañados. Cuando te des cuenta tendrás un montonazo de material nuevo y tu técnica y aprendizaje se habrán disparado. Yo casi nunca llego a tiempo para presentarme, pero oye, gracias a eso estoy a punto de publicar mi primer libro, una antología de relatos de fantasía, terror y ciencia ficción. Además, nunca se sabe cuando puede sonar la campana.

No te quedes con las ganas, no te rinda, persevera, mejora y a por todas.

Te dejo un enlace a escritores.org en el que podrás ver la mayoría de concursos que hay programados para el futuro.

Y vosotros, ¿qué opinión tenéis sobre los concursos literarios? ¿Alguna vez os presentasteis a alguno? ¿Cómo fue vuestra experiencia?

¡Nos leemos!

Háskoz

Nota: Comentar es gratis y me alegra el día. Comenta si has leído, comparte si te ha gustado y si no te quieres perder nada síguenos en Facebook y en Twitter 😉

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2 comentarios en “Sobre los concursos literarios y el crecer como escritor

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